Historia y Arquitectura

Quisiera hacer un pequeño homenaje desde este blog a una tipología de edificios que siempre me ha fascinado, las catedrales. Yo tendría unos 8 años cuando visité la primera. En aquel entonces el colegio nos llevó a visitar la catedral de Burgos durante la Semana Cultural. Recuerdo que aquel enorme edificio causó un gran impacto en mí. Muchos años después de aquello, y ya siendo arquitecto, estos edificios me siguen emocionando.

Catedral de Amiens, Francia

El estar viviendo en Francia desde hace dos años me ha dado la oportunidad de visitar diferentes catedrales en este país y en Bélgica. Resulta sorprende la cantidad de pequeñas áreas urbanas en los dos países que poseen imponentes catedrales. Gracias al libro de Le Corbusier, Quand les cathédrales étaient blanches, aprendí que las catedrales fueron blancas en su origen. El color que tienen hoy en día es el resultado de la pátina del tiempo sobre sus piedras.  El color blanco y la gran escala de las catedrales contrastaban con la pequeña escala y el color oscuro de la piedra y la madera de los edificios colindantes en aquellos años.

Nôtre Damme de Paris, Francia
Entre mis libros de cabecera favoritos se encuentran La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones, y sobre todo,  Los Pilares de la Tierra de Ken Follet. Son dos novelas que logran sumergir al lector en la época en que las catedrales góticas empezaron a construirse. Una época en que las pesadas piedras eran llevadas sobre las espaldas de los cargadores durante varios kilómetros entre el yacimiento y el lugar de la obra. Una época en la que los edificios iban tomando forma y erigiéndose como enormes figuras muy por encima del resto de las edificaciones. Una época en que las mejores mentes trabajaban conjuntamente para crear algo bello y hermoso que permanecería durante siglos. Una época en que los pesados bloques de piedra, a falta de grúas, se subían a pulso de polea a alturas de varias decenas de metros. Una época en la que a falta de programas informáticos, todo se construía mediante la prueba y el ensayo.
Catedral de Ypres, Bélgica
Siempre me pregunto lo mismo cuando visito catedrales, ¿seríamos capaces hoy en día de hacer algo así? Irremediablemente, y a pesar de que mi ego de arquitecto contemporáneo intenta imponerse, me encuentro con una respuesta negativa.

A bote pronto se me ocurren varias razones para afirmar esta tesis. Para empezar, ningún constructor entendería jamás el interés de crear muros exclusivamente de piedra, y se querrían reducir costes haciendo muros de ladrillo con estructura en hormigón armado y revestimiento exterior e interior de piedra. Las diferentes normativas deformarían los edificios hasta tal punto que perderían todo interés. Por ejemplo la normativa anti-incendios obligaría a compartimentar el espacio en diferentes sectores, y crear salidas de humo en el techo. La mayoría de ingenieros serían incapaces de calcular los techos abovedados, contrafuertes y cúpulas.  Los que fueran capaces pedirían tanto dinero por hacerlo que  el presupuesto reventaría. Y podríamos seguir sumando un largo etcétera de razones…
Las catedrales han sido mudo testigo durante generaciones de cambios políticos, guerras, enfermedades y avances tecnológicos.  Los arquitectos deberíamos reflexionar más acerca de la perennidad de nuestras obras y la influencia durante años que van a tener en las urbes.
Catedral de Lille, Francia
La próxima vez que pasen delante de una catedral, les invito a que entren y aprecien los diferentes detalles que rodean a estos edificios. Rodeen la girola, visiten el coro, observen las marcas que los gremios dejaban en las piedras, déjense cautivar por el juego de luces en las vidrieras y el ritmo de las columnas, sobrecójanse ante la escala monumental de su interior…  Piensen en todos los mejores artesanos de la piedra y de la madera, escultores, pintores y arquitectos de aquel momento, todos trabajando al unísono en la edificación más formidable de su tiempo. Después de múltiples visitas en diferentes lugares, cada vez que visito una nueva catedral  me convierto de nuevo en aquel niño que vio por primera vez la catedral de Burgos.







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