Tecnología y Arquitectura

He aprovechado estas vacaciones navideñas para leer la biografía de un personaje que me interesaba desde hacia tiempo: Steve Jobs.

Dejando a un lado su infancia problemática, su aparente falta de empatía emocional con las personas y sus costumbres poco saludables de dietas extremas y consumo de drogas; resulta fascinante su legado en cuanto a la visión de todo lo que debe tener un producto para que tenga éxito.
La primera de las claves en el éxito de cualquiera de sus productos comenzando con el Apple II y terminando con el IPad, fue el buscar siempre la pureza y la perfección absolutas.
Jobs estaba tan obsesionado con el diseño perfecto que quería incluso que las partes que no se vieran de sus ordenadores, como la placa base o el revestimiento interior del armazón, tuvieran un diseño impecable. El co-fundador de Apple heredó este perfeccionismo de su padre, que era restaurador de muebles y coches. Paul Jobs le inculcó a su hijo el placer que reside en crear un objeto en el que hasta el más mínimo detalle esté pensado y cuidado. El joven Jobs aprendió una valiosa lección el día en que su padre estaba haciendo un mueble de madera para su casa. Le indicó la importancia de la trasera del mueble, donde aunque prácticamente nunca se vería, era necesario utilizar una madera de la misma calidad que el resto para que el diseño fuese perfecto. Nunca olvidó esta lección, y la aplicó siempre en sus productos de Apple.
Steve Jobs era un gran amante de la arquitectura, y como en todo lo concerniente al diseño, se vio profundamente implicado en la creación de las tiendas Apple, cuyo proyecto fue encargado al arquitecto Bohlin Cywinski Jackson. Lo mismo pasó con el diseño de la nueva sede de Apple en California, a cargo de Norman Foster. Jobs apreciaba el minimalismo y el orden en la arquitectura, y vivió en una de las casas del promotor inmobiliario Joseph Eichler. Eichler fue conocido por construir viviendas de diseño económicas inspiradas en los conceptos de las viviendas de las praderas (Prairie Houses) de Frank Lloyd Wright.

Robie House, Frank Lloyd Wright

Cualquier seguidor o amante de la arquitectura podría encontrar rápidamente muchas similitudes entre los métodos de creación en Apple y los métodos de creación en la arquitectura. Esto se puede apreciar tanto en la importancia de cuidar todos los detalles de un producto (Dios está en los detalles decía Mies Van de Rohe) como en adelantarse a las necesidades de las personas antes incluso de que ellas mismas sepan lo que necesitan.


Sin embargo, me gustaría hacer un inciso en la principal característica que diferencia a Apple del resto de competidores del sector. Steve Jobs siempre defendió la importancia de darle al usuario un producto terminado y cerrado para mantener el control absoluto de la experiencia. Esto acarreó muchos problemas para Apple en la época de los primeros ordenadores personales, donde Microsoft gracias a comercializar un software capaz de adaptarse a hardwares de diferentes firmas, pudo bajar mucho sus precios para hacerse más competitivo. Lo mismo pasa hoy en día entre los modelos Android y el Iphone o Ipad.
Los arquitectos, al igual que Steve Jobs, pretendemos muchas veces hacer piezas únicas con la intención de que nunca sean transformadas por sus usuarios. A menudo se producen edificios más escultóricos que habitables, donde se idealiza con tener el control absoluto de la experiencia del usuario. Sin embargo, al igual que ocurre con Apple, esto no es infalible. ¿Quién no ha visto más de una vez un ordenador Apple funcionando con Windows para poder utilizar programas piratas? Los usuarios siempre encuentran la manera de personalizar lo que compran. Y con todo el derecho del mundo, ya que son ellos los legítimos poseedores.
El rol del arquitecto es anticiparse a estos cambios, y prever desde el primer momento soluciones para que los edificios no se alejen de la experiencia que se pretende transmitir antes de una posible modificación de los usuarios. 
La arquitectura debe ser algo vivo y transformable, no un producto terminado e incapaz de adaptarse a los cambios futuros.


La arquitectura debería funcionar con un “software” (el programa, las funciones, la habitabilidad de los espacios) más del tipo de Android que de Apple, pero con un “hardware (edificios bellos, funcionales y racionales) más del tipo de Apple que de PC. Esa sería la solución perfecta en la arquitectura, pero quizás también en la informática.

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