Belleza y Arquitectura

“El espectáculo de lo bello, en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones.” Así define la belleza Gustavo Adolfo Bécquer.

Quizás una de las labores más complicadas en la arquitectura sea definir qué es bello y qué no lo es. Cada persona ve el mundo de una manera diferente, y lo que para alguien puede ser una maravilla, para  otro puede ser algo carente de cualquier interés. El sentido del “buen gusto” es algo muy particular que depende del contexto y la cultura en la que hayamos vivido. En la arquitectura nos encontramos además con que definir lo bello es una tarea ardua complicada, porque lo bello pasa también por ser algo funcional; el resultado del cruce entre las humanidades y la tecnología.

Está comprobado que el cerebro humano es capaz de asimilar que un rostro es atractivo cuando lo puede descomponer en geometrías simples que se integran de forma harmónica entre ellas. Con los elementos arquitectónicos ocurre lo mismo, y cuando un espacio nos parece seductor, cómodo y confortable, no deja de ser porque de manera imperceptible nuestro cerebro es capaz de percibir el espacio de una manera clara y harmónica. Sin embargo esto no quiere decir que haya que tender a espacios totalmente simétricos y anodinos. Nissan lanzó hace algún tiempo una serie de anuncios en los que se hacia un montaje fotográfico con rostros de personas a los que se les había practicado una simetría. El resultado eran rostros que, aunque  simétricos, parecían estar totalmente desfigurados. Esto quiere decir que la harmonía no sólo reside en la simetría perfecta de los elementos, si no en una serie de factores más complejos y no perceptibles a primera vista.



Durante siglos los arquitectos se han dedicado a definir qué elementos componen la buena arquitectura y cuáles no. Todos los movimientos arquitectónicos y artísticos han surgido como el resultado de las normas dictadas para alcanzar la excelencia.  A pesar de que en el presente podríamos decir que desde el Movimiento Moderno no ha vuelto a existir ningún código de buena conducta, sin embargo nuestras ciudades de hoy nos dicen todo lo contrario. Nunca en la historia ha habido una homogeneidad tan grande y tan poca diferencia entre unas ciudades y otras en las nuevas construcciones 

Euralille, Lille (France)
La globalización ha generado que se esté perdiendo el carácter tradicional de nuestras ciudades en detrimento  de una arquitectura que a primera vista puede parecer heterogénea, pero que es más bien anodina y copiada hasta la saciedad. ¿Por qué  resulta más agradable pasear por el casco antiguo de una ciudad que por los nuevos barrios? ¿Por qué las viviendas y equipamientos de los nuevos ensanches  parecen exactamente los mismos en diferentes ciudades no solo del mismo país, si no del extranjero también? Algo se está  haciendo mal sin duda.


Viviendas de Eugenio Aguinanaga en Vallecas (Madrid)
Jane Jacobs decía hace más de cincuenta años en su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades”, que las grandes ciudades corrían el riesgo de convertirse en grandes museos donde cada edificio era una pieza significativa, pero sin ninguna relación con los edificios de alrededor. Madrid, Barcelona, Lille o Ámsterdam son ejemplos modernos que muestran que este vaticinio se está cumpliendo.
Puede que ahora mismo no exista un movimiento arquitectónico definido “per sé”, pero mi experiencia de trabajar con compañeros de diferentes nacionalidades me ha hecho darme cuenta de que nuestras referencias son siempre las mismas. Y ya no solo en cuanto a los arquitectos que seguimos, sino también en cuanto a las revistas especializadas que manejamos. Estoy seguro que en más del 90% de estudios del mundo podríamos encontrar volúmenes de A+T, Detail, El Croquis o Domus… ¿Seguimos todos las mismas tendencias al igual que pasa con el mundo de la moda? ¿Es este el camino que queremos seguir?  Lo que estamos consiguiendo es que cada vez con más frecuencia cuando un cliente viene a encargarnos un proyecto, en vez de explicarnos sus necesidades nos diga que quiere una vivienda tipo “Acero” o un bloque de oficinas tipo “Foster”.

Deberíamos dejar de seguir tantas revistas y estar tan pendientes de lo que hacen los demás, y empezar a proyectar realmente a partir un papel en blanco, sin tener desde el comienzo referencias en mente. Además los arquitectos deberíamos hacer un esfuerzo por hacer entendible nuestras ideas a nuestros clientes sin tener que recurrir a referencias copiadas ya hasta la saciedad. En un mundo tan globalizado todos contamos con los mismos ejemplos, y para innovar debemos volver al germen de todo. Debemos hacer un esfuerzo por volver a la idea genuina generada a través de la investigación del entorno y las necesidades del cliente. No podemos permitir que llegue el día en el que perdamos el interés de querer viajar a otros países para descubrir nuevos lugares porque no exista ninguna diferencia entre un país y otro. Creemos entre todos una ciudad heterogénea, rica y habitable.  Es decir, ¡creemos una ciudad bella!




2 comentarios :

  1. http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=harmonia

    harmonía.

    1. f. armonía.

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