Moda y Arquitectura




La moda y la arquitectura cuentan con muchos puntos en común, y nunca han estado tan unidas entre sí como hoy en día. La arquitectura se considera cada vez más en términos de una marca que poder vender, con las consecuencias positivas y negativas que ello puede acarrear. Dentro de este marco son muchas las firmas de moda que han apostado por ligarse a grandes estudios de arquitectura en una simbiosis publicitaria beneficiosa para unos  y para otros. Es fácil encontrar ejemplos de estas asociaciones como en  los trabajos de Rem Koolhas y Herzog /de Meuron con la firma Prada, Toyo Ito con la firma Tods, Jun Aoki con Louis Vuitton o Zaha Hadid con Chanel.

Por su parte, arquitectos como Odile Decq, llegan a afirmar sin tapujos que su arquitectura es equiparable a los diseños de alta costura en el mundo de la moda. Un artículo de lujo en el que se paga la personalización única de un buen diseño.  Las grandes oficinas de arquitectos tienden cada vez más a imponer una imagen de marca. Pero, ¿realmente esta tendencia beneficia a la arquitectura?
El peligro de considerar la arquitectura simplemente en términos de moda es caer en lo superfluo de un diseño, donde los valores estéticos de hoy pueden tener nada que ver con los de mañana. La arquitectura debe coexistir con la ciudad durante muchos años, incluso siglos, y la validez de un edificio no puede depender exclusivamente de un modismo pasajero. Un edificio debe estar sujeto a una serie de reglas funcionales que lo conviertan en un objeto atemporal.
Los arquitectos hemos llegado por lo general tarde y mal a la “fiebre de las marcas”. Por primera vez, y debido a la escasez de encargos, los arquitectos nos hemos dado cuenta de la importancia de vender nuestra arquitectura con el objetivo de conseguir nuevos clientes. Es más fácil vender una marca determinada a un cliente, que intentar hacerle ver todas las bondades de nuestro proceso creativo a la hora de abordar diferentes proyectos. Por lo tanto, si tenemos una imagen tipo fácilmente reconocible en todas nuestras obras, será más fácil encontrar clientes que se sientan potencialmente identificados con nuestro trabajo.  En la teoría suena bien, pero en la práctica no tanto.
Jamás vamos a encontrar dos contextos exactamente iguales en dos proyectos diferentes. Es un error caer en el concepto de una imagen de marca, ya que indudablemente esto va a repercutir gravemente en la calidad de la arquitectura y en su forma de convivir con la ciudad.
De una manera muy inteligente, y a lo largo de siglos,  la moda se ha ido adaptando a la vida de cualquier persona y condición social. Esto es lo que deberíamos conseguir con la arquitectura. Por ejemplo, podríamos distinguir una arquitectura de producción a gran escala, en la que se enfatice un diseño cuidado, pero una elección de materiales económicos. En estos casos, debería primar la astucia del arquitecto para lograr un buen resultado a través de medios básicos. Si extrapolamos esto al mundo de la moda, sería el caso de ZARA, H&M o Mango, capaces de ofrecer piezas de diseño muy valoradas por el público a precios muy razonables. Esto se consigue a través de materiales rentables y procesos de producción baratos.
En otro nivel encontraríamos las marcas de lujo como Hermés, Chanel o Louis Vuitton, donde el precio tiene un impacto directo en la calidad del producto final, y donde existe una exclusividad del producto debido un proceso de creación cuidado y un número de piezas reducido que comercializar.
En último lugar encontraríamos la exclusividad de los diseños individuales hechos por modistos, donde los diseños son totalmente personalizados y únicos. Hablamos del sector del lujo. Materiales de primera calidad, y largos procesos de exploración y creación en los que se intenta estar a la vanguardia de la moda. Curiosamente esto tiene mucho en común con el post Cocina y Arquitectura, publicado hace algunos meses en este blog.
Los arquitectos no estamos hoy en día en la posición de poder dar la espalda a la sociedad de consumo. En la actualidad hay mucha competencia en todas las disciplinas, y las que más venden no son siempre las mejores, si no las que logran sacar más partido a su imagen de marca. Es de reseñar que en el año 2011, y a pesar de la crisis, el sector del lujo en España aumentó un 25%. Por lo tanto hay un gran nicho de mercado a explotar por los arquitectos.
No deberíamos caer en el error de proyectar edificios listos para el consumo de masas, ni tampoco considerar que el futuro de la arquitectura de calidad depende exclusivamente del sector del lujo, pero sí debemos ser conscientes de que para cada situación y cliente no puede existir siempre un mismo tipo de respuesta arquitectural. Esta conciencia nos puede evitar muchos problemas con los clientes. Aunque todos querríamos hacer edificios con los mejores materiales disponibles, y con estructuras ingrávidas, la realidad es que tenemos que identificar cuando nos podemos permitir ciertas concesiones en un proyecto, sobre todo a nivel de presupuesto, y cuando no. Y no por ello nos debemos sentir frustrados, al contrario, esto debería agudizar aun màs nuestro ingenio para obtener un proyecto bello.
La marca que debemos vender es  la manera única y personal que tenemos de reflexionar y crear espacios, no un estilo tendencioso pasajero. Vendamos ingenio, huyamos de frivolidades.


4 comentarios :

  1. Como siempre, brillante!!Consigues acercar la arquitectura a todo el mundo, con artículos claros e interesantes.

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    1. Muchas gracias anonimo, esa es mi intencion. Me gustaria saber quien eres si es posible. Saludos!

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  2. Leí este artículo y me pareció interesantísimo y una inspiración...:-)
    http://am-momentosespeciales.blogspot.com.es/2012/10/cuando-se-encuentran-arquitectura-y-moda.html

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    1. Hola Alba, me alegra que te haya servido mi post. Enhorabuena también por tu blog, los blogueros debemos apoyarnos mutuamente! Un saludo!

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