Tiempo y Arquitectura


El hombre siempre ha sentido la necesidad de acotar y medir todo lo que le rodea para poder controlar y entender su entorno. El tiempo no ha sido una excepción. En la época de los romanos Vitruvio hablaba del empleo del reloj de agua o clepsidra , así como el  reloj de aire y el reloj de sol. Los egipcios ya utilizaban también sistemas de medición del tiempo en la época de los Ptolomeos (dinastía fundada por Alejandro Magno hacia el 332 a.C.).  

¿Pero en realidad, qué es el tiempo? Las unidades de medida convencionales sirven para medir el tiempo natural de lo que nos rodea (días, años, fases lunares etc.).  De esta manera el ser humano es capaz de planificar su vida, dividiéndola en segundos, minutos, horas y años de su vida. Nuestra percepción del tiempo depende de algo tan efímero como el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa el sol. 

La percepción del tiempo es muy diferente en casa persona. De la misma manera que cuando somos niños nos parece que el tiempo pasa despacio, a medida que nos hacemos mayores el tiempo nos da la sensación de que cada vez pasa más deprisa. Esto es solamente una percepción nuestra, porque la Tierra siempre tarda lo mismo en dar una vuelta completa alrededor del sol. Cada organismo, cada individuo, cada elemento tiene sus propios ritmos vitales. Para entender esto mejor les invito a ver el video siguiente a partir del minuto 33.

El geólogo Asier Hilario habla sobre las formaciones rocosas en la playa de Flysch, en Zamaia, Guipúzcoa. Esta playa está compuesta por una sucesión de capas de roca que se depositaron en una cuenca marina profunda. Estas capas salieron a la superficie debido al choque violento de la placa ibérica con Europa. El término FLYSCH lo utilizó por primera vez el geólogo Berhnard Studer en 1827. La palabra proviene del alemán, de la palabra “fliessen” y significa deslizante.  Cada placa, que puede llegar a adentrarse en el mar hasta 300 metros como un gran costillar, representa 10.000 años de vida del planeta. Por lo tanto podemos ver en la superficie un estrato que corresponde con 50 millones de años de vida de la Tierra, pudiendo apreciarse perfectamente grandes eventos acontecidos como los  periodos cálidos y fríos, o la extinción de los dinosaurios.  La vida de un ser humano estaría comprendida en tan solo unos dos centímetros de estas enormes formaciones. Esta comparación hace reflexionar acerca de nuestra posición en el mundo, y lo efímero de nuestra existencia en él. Los ritmos de la tierra no tienen nada que ver con los ritmos del hombre. Lo mismo ocurre con los ritmos de las ciudades.

Durante milenios las ciudades han sido auténticos organismos vivos que han ido evolucionando lentamente, y adaptándose tanto al entorno cambiante como a las necesidades del hombre. Por primera vez en la historia estamos viendo enormes ciudades que surgen de la nada, o enormes ensanches que cuadruplican el tamaño de la urbe inicial. Lo que antes ocurría a lo largo de siglos, de golpe y porrazo ha empezado a ocurrir de un año para otro.  En la actualidad comprobamos que estamos intentando forzar los ritmos naturales de transformación de las ciudades, adaptándolos a nuestros ritmos de vida individuales. Esto obliga a las ciudades a cambiar en unos espacios de tiempo cada vez más cortos, creando problemas de integración, de falta de recursos y una carencia de equipamientos.

Hoy en día podemos encontrar multitud de ejemplos en diferentes lugares del mundo, donde el forzar los tiempos, o el intentar hacer habitables lugares que no lo son ha creado numerosos problemas, sobre todo económicos. 

En España, uno de los paradigmas más abordados en infinidad de programas es Seseña. Esta ciudad que ha pasado de una población de 6.500 habitantes en 2003 a 13.000 en 2006, ha sido conocida por el proyecto de una nueva ciudad surgida de la nada de más de 13.000 viviendas. Finalmente solamente se construyeron 5000, pero los problemas debido a la falta de equipamientos, y buenas comunicaciones, han hecho que Seseña se convierta en una ciudad fantasma muy cara de mantener.

 

No todos los ejemplos de ciudades construidas a golpe de talonario en lugares donde nunca debieron estar se encuentran en España. En Estados Unidos, la ciudad de Miami fue construida sobre los everglades repletos de aligátores y pitones del rio Miami. Extensiones kilométricas de barrios residenciales de lujo han ido paulatinamente quitándole espacio a las ares naturales. Debido a esto, cada año los cuerpos de policía y bomberos reciben más llamadas de asustados vecinos que descubren a alguno de estos simpáticos animales dándose un baño en su piscina. La naturaleza vuelve a recuperar lo que era suyo.

Otro ejemplo curioso son las ciudades árabes como Dubai o Qatar, surgidas de la nada al igual que Seseña, pero en medio del desierto. Cada año las autoridades locales deben gastarse miles de dólares en intentar que la arena del desierto no retroceda de nuevo a la ciudad.

Ahora que la crisis nos aprieta a todos, la primera economía que debemos hacer es la de medios. Y para ello debemos proyectar con sensatez para evitar gastos innecesarios. No tenemos el derecho de especular con nuestras ciudades, porque ellas son patrimonio de la humanidad. Dejemos que las ciudades crezcan y evolucionen en su debido tiempo, no hagamos ciudades prematuras. Constrùyeme despacio, que tengo prisa.

 

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