10.000 y Arquitectura para el Público. Parte II.

¡Feliz año nuevo a todos los lectores de Arquitectura para el Público! Este primer artículo del año 2013 es la continuación del post publicado el 15 de Diciembre de 2012. Les recomiendo leer la primera parte antes de comenzar la lectura de este articulo. Pueden pinchar aquí para acceder directamente a la Parte I.

Las entrevistas de trabajo siempre son un desafío emocional. Por un lado siempre se está muy ilusionado con las nuevas oportunidades de futuro que se pueden dar tras una entrevista, pero por otro lado toda esa ilusión puede desembocar en una profunda decepción cuando las entrevistas no son fructíferas.

De nuevo tenía ante mí una nueva oportunidad después de haber pasado dos entrevistas en Londres donde no había conseguido el trabajo. Era muy consciente de que con la crisis que había (y hay) las ocasiones se presentaban con cuentagotas.




He de decir que yo desconocía completamente en ese momento los métodos de trabajo en otros países, así como la mejor manera de afrontar una entrevista en el extranjero. La búsqueda de trabajo en arquitectura es algo muy especial, tanto en la manera de presentar un currículum, como en la manera de hablar o en incluso en la manera de vestirse. En cuanto a esto último, y después de mucho preguntar, fui aconsejado por diferentes personas que fuese a las entrevistas con traje y corbata. Los expertos dicen que esta es la única opción con la que se puede estar seguro de no equivocarse ya que nunca es malo que vayas demasiado arreglado en una entrevista. En cambio el caso contrario sí es problemático, ya que ir vestido de una manera no conveniente puede ser visto como una falta de respeto y que ello repercuta negativamente en tu evaluación. Así que yo opté por ir con traje y corbata, aún sabiendo que el ambiente en los estudios españoles es muy distendido, y que ni siquiera los jefes suelen ir con traje y corbata a no ser que se tenga una reunión importante con un cliente. Y a veces ni siquiera eso.

Finalmente llegó el día de la entrevista y en ese estudio de París me presenté yo con mi maletín lleno de mis proyectos y mis ilusiones… Y también llevando mi traje y mi corbata.

Ahora puedo decir sin dudarlo que aquella entrevista de París fue seguramente la peor de mi vida. Y no porque en ella me expresase mal, se me olvidaran datos importantes o no supiese responder con claridad a preguntas clave, no… La entrevista fue muy mal porque mi entrevistador no demostró el menor interés en lo que le estaba contando. Aquella persona no hacía más que mirar al reloj y a todas partes, menos hacia mis proyectos. En las dos oficinas donde había hecho una entrevista anteriormente en Londres, los entrevistadores se habían mostrado siempre muy interesados y habían sido muy proactivos con lo que les contaba. Sin embargo en París ocurrió todo lo contrario.



En un punto intermedio de la entrevista, y después de darme cuenta de lo mal que estaba yendo todo, empecé a pensar que no podía perder una nueva oportunidad. Cada vez me iba enojando más interiormente al ver el poco interés que mostraba la persona que tenía enfrente. Así que en mitad de la entrevista exploté, y le dije a mi entrevistador: “Mira, yo sé que soy un buen arquitecto. He hecho ya dos entrevistas en Londres, a las que fui con toda la ilusión del mundo, y en el que debido a mi corta experiencia no me han cogido. Yo sé que valgo para esto, pero necesito una oportunidad. Quiero demostrar lo bueno que soy, eso es todo lo que quiero”.

La cara de mi entrevistador cambió por completo. Sus ojos y sus fosas nasales duplicaron su tamaño previo, y su rostro reflejó una extraña perplejidad. No se esperaba mi reacción para nada. Yo estaba desesperado por encontrar trabajo, y no soportaba pensar que podía tener una nueva negativa. Cada entrevista lograda llevaba detrás de sí muchas horas de trabajo en el portfolio de proyectos, en la preparación de la entrevista en inglés y en la investigación de la oficina.

Poco después de aquella reacción espontánea mía, la entrevista terminó. Mientras recogía mis cosas para irme, el entrevistador me dijo algo que terminó de convencerme de que nunca me llamarían de aquel sitio: “Carlos, ¿puedo permitirme darte un consejo?” Yo le respondí que por supuesto, a lo que él agregó: “Nunca vuelvas a ponerte un traje y corbata para una entrevista de este tipo, queda ridículo y da mala impresión.” Imagínense mi cara entre vergüenza y asombro ante estas palabras. Asentí con la cabeza y salí por la puerta dando las gracias, aunque tremendamente enfadado por dentro por lo que yo sospechaba que iba a ser una nueva derrota y por el dinero tirado a la basura después de haber comprado esos billetes. Estaba convencido que de allí no iban a llamarme.

Todo esto ocurrió un 21 de Diciembre de 2009. El 22 de Diciembre, día del sorteo de Navidad de  la lotería nacional en España, a mí me tocó el primer premio. A las cuatro de la tarde de ese día recibí una llamada de la persona que me había entrevistado. Sin apenas preámbulos me dijo que después de consultar con la directora, Odile Decq, habían decidido que me incorporase a su estudio de París el día 11 de Enero si yo estaba de acuerdo. ¡No me lo podía creer! ¡Lo había conseguido! Y todo eso después de que todas las señales apuntaban a que no iba a conseguir ese trabajo. Acepté sin pestañear.

En ese momento empezaba mi aventura en el extranjero. Pocos días después viajé a París con mi mujer, aún mi novia en esa época, y buscamos piso, banco, móvil y firmé el contrato. París es una ciudad de las más complicadas y caras para encontrar piso. En pocos días logramos hacer todo. Mi novia decidió dejarlo todo y venirse conmigo. El 10 de Enero llegamos a París para instalarnos durante los próximos meses. La idea inicial era pasar una pequeña temporada en el extranjero. Aún no sabíamos que nuestro viaje no había hecho más que comenzar y que nuestro retorno no se antojaba cercano. De hecho a día de hoy, tres años después, aún no sabemos cuándo podremos volver.

Comencé a trabajar en Odile Decq Benoit Cornette Architectes con mucha ilusión y nada de francés. Rápidamente me di cuenta que esto sería un problema ya que todo el trabajo se desarrollaba en francés, aunque la mayoría de las personas de la oficina entendían el inglés.

El estudio se situaba en un ático con el techo de madera en el centro de París, muy cerca de la Place de la République. Toda la oficina se encontraba rodeada de bonitas maquetas en cajas de metacrilato. El ambiente era muy internacional ya que de los 30 empleados tan sólo había cuatro o cinco franceses. Rápidamente sabría porqué.

El primer día me di cuenta que las condiciones de trabajo no eran precisamente excepcionales. Por norma se trabajaba todos los días desde las 9h00 hasta las 20h00. Y cuando digo todos los días, también incluye el fin de semana. Muchas veces la jornada laboral se extendía hasta más allá de las 22h00. Durante tres meses trabajé con este horario non-stop sin descansar un solo día. Ese era el objetivo, explotar a jóvenes arquitectos con muchas ganas y energía hasta que no diesen más de sí. Odile y el jefe de estudio también trabajaban todos los días hasta las 20h00, incluidos los domingos. Todo hay que decirlo.

La mayoría de los arquitectos aguantaba un año a lo sumo. El empleado más antiguo, sin contar con la dueña Odile Decq y el jefe del estudio, llevaba tan sólo dos años y medio y tenía 32 años.

Los proyectos eran interesantes en cuanto a que eran grandes edificios con una imagen muy sugerente y estructuras complejas. Sin embargo lo único que se buscaba era la imagen, con lo que la arquitectura quedaba un tanto hueca de fundamento.

Uno de los proyectos en los que trabajé. El FRAC en Rennes.
Los comienzos fueron muy duros. Es difícil atender a reuniones en las que no entiendes absolutamente nada porque no hablas el idioma. Desde el primer día empecé a estudiar francés por las noches antes de acostarme con un pequeño libro de los años 60 prestado por mi tío. Supongo que la necesidad hace que el ingenio se agudice, porque a los pocos meses ya estaba hablando francés. Y a los seis o siete meses tuve mi primera entrevista de trabajo en francés. Desde el primer día en la oficina vi que eso no estaba hecho para mí, así que empecé a mandar mi portfolio, esta vez en francés, por toda la ciudad. Pronto descubrí que encontrar trabajo estaba muy complicado en París, y pasaron muchos meses antes de que me llamaran para una entrevista. Pasado el tiempo apliqué la misma lógica que cuando me empeñaba en buscar empleo en Reino Unido. La gente siempre quiere ir a trabajar a las grandes ciudades, con lo que siempre hay más competencia. Así que empecé a buscar empleo en ciudades más pequeñas de Francia. Así es como terminé trabajando más tarde en Lille, en el norte de Francia.

La experiencia en París fue dura, aunque muy positiva. Tuve la oportunidad de trabajar en proyectos interesantes de estructuras complejas y tener compañeros de todos los rincones del planeta (China, Palestina, Túnez, Italia o Inglaterra entre otros) con los a día de hoy sigo en contacto con muchos de ellos.

Pasaron los meses y acercándose el final de mi contrato me ofrecieron la posibilidad de seguir en el estudio. Viendo lo mal que se encontraba el panorama del empleo, y a pesar de lo duro que estaba siendo trabajar en aquella oficina, empecé a pensar en aceptar la proposición. En esos momentos de indecisión recibí una llamada de un joven y ambicioso estudio con proyectos muy interesantes, situado en Lille. La llamada era de uno de los dos dueños de la empresa, y me ofrecían la posibilidad de trabajar como jefe de proyecto en el concurso para una nueva facultad de Bellas Artes en la ciudad francesa de Cambrai. Una nueva oportunidad se abría ante mí… Continuará…

1 comentario :

  1. Ansioso por leer la tercera parte.
    Este material nos viene fenomenal para preparar tu video de 60 cumpleaños...

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