Modernidad y Arquitectura





No voy a hablar de lo que se considera moderno en arquitectura, ni de  las últimas tendencias  y estilos.  Que el título de este post no les engañe. Voy a tratar acerca de lo poco modernos que son la mayoría de los arquitectos en sus estudios.

La arquitectura es un sector en el que los profesionales se creen muy transgresores por ir sin afeitar, no ponerse nunca corbata e ir con zapatillas de colores a las reuniones con los clientes o a las bodas. La realidad es que todo esto no es más que un “disfraz de arquitecto moderno” que no hace sino ocultar las condiciones laborales paupérrimas existentes en los estudios, más cercanas a las fábricas de los años veinte y treinta en Alemania, que a compañías punteras actuales como Google o Facebook.

Lo triste de esta situación es que no es un problema de los viejos dinosaurios anquilosados en la tradición de sus estudios, si no de las jóvenes generaciones de arquitectos que siguen copiando sistemáticamente el mismo modelo, contribuyendo a que la profesión no se modernice en su funcionamiento.

Resulta muy difícil hablar de modernidad o vanguardia en un sector donde los contratos de falso autónomo están a la orden del día,  o donde se hacen firmar contratos con cláusulas que prohíben trabajar en proyectos personales fuera de las horas de trabajo del estudio.

Hace algunas semanas leí un artículo sobre como Google no solamente no prohíbe a sus trabajadores dedicarse a otros quehaceres fuera de sus horas de trabajo, si no que anima a sus trabajadores a que empleen el 20% de su tiempo en dedicarlo a proyectos personales que les estimule. Google ha comprobado que las mejores ideas y nuevos productos de la empresa han venido precisamente de estas horas que sus empleados dedican a sus proyectos personales.

Las empresas modernas de verdad se preocupan de que sus trabajadores estén motivados y alientan su iniciativa propia. Esto hace que el empleado se sienta 100% identificado con su empresa y si descubre una gran idea la comparta con sus jefes, ya que ¿dónde va a desarrollarla mejor que allí mismo?

Está muy manido aquello de “nosotros somos una oficina horizontal, sin jerarquías”. Si en alguna entrevista de trabajo les sugieren esto, estén alerta, porque probablemente signifique todo lo contrario.

No nos engañemos, la jerarquía de una empresa siempre es necesaria, siempre la ha habido y siempre la habrá. Cuando el dueño de un estudio habla de estructura horizontal, lo que esto significa generalmente es que nadie en la empresa es importante, salvo el dueño. Esto representa un trato poco grato con los empleados, sin ningún reconocimiento a aquellos que han pasado más años, muchas noches sin dormir y fines de semana dedicados a los proyectos del estudio. Lo peligroso de estas empresas son los arquitectos, generalmente mediocres, que llevan más tiempo y que se las hacen pasar canutas a las nuevas incorporaciones para que su puesto no peligre. Al final esta falta de jerarquía y esa horizontalidad se ve reflejada en un ambiente de trabajo hostil, con las vacas sagradas ocupándose de hacer la vida imposible a los nuevos y donde nadie comparte nada. En estos casos los directores fomentan la mediocridad, para que nadie les quite la razón, en vez de potenciar la creatividad y las inquietudes profesionales.

Soy de la opinión de que la jerarquía en una empresa es necesaria y establece orden. Cada uno sabe su función y sabe lo que debe hacer para poder progresar dentro del estudio e ir adquiriendo más responsabilidades. Sin embargo, si llevamos esta jerarquía hasta el extremo, nos podemos encontrar con el problema de que los directores raramente entran en contacto con los arquitectos nóveles. En estos casos los arquitectos medios aprovechan para ganar poder a estancias de los arquitectos más jóvenes o de menos rango. Es muy común ver al típico jefe de proyecto que se atribuye todos los méritos cuando las cosas van bien, pero que en seguida echa la culpa a los arquitectos más jóvenes cuando las cosas van mal.

Un verdadero líder no es aquel con más poder, si no aquel que sabe motivar a los demás. Existe una diferencia muy grande entre ser un jefe y un líder, y en arquitectura a menudo hay muchos jefes, pero pocos líderes. De hecho los líderes no están bien considerados y por ello se prefiere apostar por la mediocridad.

El otro día hablaba con mi amigo Manuel Jiménez* sobre todo esto. Él es profesor en la Architectural Asociation  y en la Barlett School de Londres, siendo una de las figuras emergentes en la Arquitectura Computacional Paramétrica y de Códigos. Charlando coincidíamos en que el problema principal radica en que los arquitectos amamos demasiado nuestra profesión. Lo triste es que son los propios arquitectos los que se aprovechan de ello para el beneficio de sus propios estudios.

Es de sobra conocido el hecho de que los alumnos de las universidades son mano de obra barata y generalmente gratis para los estudios de sus profesores. Los profesores se aprovechan de la inocencia de los alumnos y del amor que tienen por lo que estudian, para venderles la oportunidad enorme que supone trabajar con ellos en un concurso internacional de manera gratis y durante semanas, hasta las tantas de la madrugada. Estoy de acuerdo en que la formación como aprendiz dentro de un estudio durante la carrera es necesaria. La experiencia que se adquiere es más importante que el dinero que se recibe, pero lo que es intolerable es que los estudios de esta gente funcionen y se mantengan exclusivamente gracias a esta mano de obra gratuita.

Por fortuna puedo decir que mi amigo Manuel no es así y no sólo eso, él pertenece a una nueva generación de arquitectos docentes que creen firmemente en el  concepto de “Open Source”.

El concepto de Open Source está siendo implantado por el arquitecto José Sánchez, quien es docente también en la Barlett School y la AA de Londres.

José trabaja con códigos en la arquitectura y ha sido invitado a dar numerosas conferencias sobre ello en diversos lugares del planeta. Para que entiendan un poco más qué es esto de los códigos en la arquitectura, es algo parecido a la película Matrix, donde la realidad no se dibuja con líneas si no a través de códigos, que son los que crean los espacios. Para más información pueden visitar las respectivas páginas de Manuel Jiménez y José Sanchez:

http://madmdesign.net/

http://www.plethora-project.com/

Esta nueva rama de la arquitectura puede contribuir a que todo funcione de manera más abierta. Esta revolución se ve en el hecho de que cada nuevo descubrimiento que José o sus colegas del “coding” hacen sobre sus códigos, inmediatamente después los cuelgan en sus páginas web para que cualquier persona pueda descargarlo y hacer uso de ello de manera gratuita.




Muchos arquitectos-dinosaurio, falsos modernos, recelosos de que sus empleados se descarguen información de los proyectos en los que han estado implicados, pondrían el grito en el cielo con tan solo pensar algo así. El motivo de este celo no es otro que pensar que el alumno pueda llegar a superar al maestro. Para algunos dueños, el trabajo al que el empleado ha contribuido no le pertenece, porque él no vale nada de manera individual, es uno más dentro de la fábrica.

Esta sensación de fábrica es precisamente la razón por la que hay tantos arquitectos infelices en los despachos de arquitectura y significa la deshumanización de nuestra pasión. A todos nos gusta que nuestro trabajo sea reconocido y pensar que somos personas individuales, no un número más dentro de una gran cadena de montaje.

A la pregunta de si no le da miedo que alguien utilice toda la información que cuelga en internet de manera abierta, José contesta sabiamente que no, porque una cosa son las herramientas y otra cosa muy distinta es la creatividad para utilizar esas herramientas. Si alguien crea algo maravilloso con ello, él se ofrece a aprender de ello y colaborar,  como una red conectada. Eso sí que es horizontalidad.


Las mejores ideas no siempre vienen del más experimentado y eso es algo que los arquitectos no quieren reconocer. La experiencia ayuda a canalizar el chorro de creatividad, eso es cierto, pero ¿acaso el joven Da Vinci de 30 años que pintó La Virgen de las Rocas era peor que el Da Vinci de 67 años que terminó de pintar la Gioconda?. Las dos son obras de arte indiscutibles. Al igual que Rafael, que murió con 37 años, es un gran maestro equiparable a Miguel Ángel, que murió con 88.



No creo que sea muy coherente hacer una arquitectura muy vanguardista y vestir muy moderno, y a la vez ser totalmente retrógrado en cómo llevar una empresa y tratar a sus empleados.

Gusta mucho profetizar aquello de que un proyecto es la suma de muchos, pero a la hora de la verdad he visto a muy pocos arquitectos que pongan el foco en su equipo en vez de en ellos. Uno de los pocos a los que se lo he visto hacer es al gran Peter Zumthor en una conferencia en Bruselas explicando el proyecto de Meelfabriek en Leiden, Holanda. Me sorprendió que Zumthor dedicara los últimos 10 minutos de su conferencia a poner las fotografías de cada uno de los participantes del proyecto, elogiándoles y explicando su labor.


Creo que debemos dejar de echar la culpa a los demás por la situación que atravesamos los arquitectos hoy en día y empezar a mirarnos más a nosotros mismos. Es posible que si nos miramos al espejo, no nos guste lo que veamos, ya que el monstruo que hemos creado somos nosotros mismos.

Por eso desde aquí quiero elogiar iniciativas tan loables como el Open Source, que pueden ayudar a que los arquitectos seamos modernos, pero de verdad, no un disfraz.


*Manuel Jiménez dará un workshop con la Architectural Association School of Architecture de Londres, en la Universidad Europea de Madrid, entre los días 16 y 26 de Septiembre, acerca del uso de membranas trans-computacionales en Arquitectura. Más información en el siguiente enlance:

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